sabiduria de obrar segun cristo
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SABIDURÍA EN EL OBRAR SEGÚN CRISTO Esta sabiduría tenemos que buscarla en lo
que Cristo hizo y en lo que dijo. De Cristo decía su discípulo
Pedro que pasó por la vida
haciendo el bien. Esto es lo que vemos en los Evangelio, que es donde se
nos narra lo que hizo: Curaba enfermos, y enseñaba a los que no sabían,
y todo lo hacia gratis, simplemente
por amor hacia quienes curaba y enseñaba, aunque no los conociera
de nada. Cristo nos dio lecciones de cómo hemos de comportarnos con Dios y cómo hemos de hacerlo en nuestras relaciones con los hombres. Para estar a bien con Dios nos dio estos consejos: Creer
en Dios y en Jesucristo: Jesucristo
nos ha dejado las cosas muy claras sobre sobre lo que tenemos que hacer
para conseguir la vida eterna. La primera recomendacion que nos hace, y
nos la hace con palabras muy duras, es que creamos en Dios en y
él: El que no cree, ya está juzgado” (Jn
3,18), o el que no crea se condenará” (Mc 16,16), o
El que cree en el Hijo tiene vida eterna; el que rehúsa creer en
el Hijo, no verá la vida, sino que la cólera de Dios permanecerá
sobre él”. (Jn 3,36)? Y en otra ocasión, después de haber dado de comer a mas de cinco mil hombres, estos lo buscaban y le preguntaron: ¿Qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?, y Jesús respondió: La obra que Dios quiere es esta: Que creáis en el que él ha enviado ( Juan 29) ¿Por qué
tanta insistencia en que creamos? Sencillamente porque creer en Dios es
el fundamento de la vida
del creyente. Si no creemos en Dios mal podremos cumplir sus mandatos y
si no creemos en Jesucristo mal podremos creer sus enseñanzas. ¿Pide
acaso que creamos solo porque él lo dice? No. Tanto Dios como Cristo
nos muestran sus obras para creamos que lo que dicen es la Verdad. Dios
hizo promesas que los hombres vieron cumplidas y por eso creyeron en
Yahvé, y Cristo hizo
prodigios a la vista de todos para atestiguar con sus obras la verdad de
lo que decía. Los apóstoles hasta que no lo vieron
resucitado no acababan de creer que era el Hijo de Dios, a pesar
de lo que habían visto hacer y de lo que le habían oído en sus
sermones, pero cuando lo vieron resucitado, y no una, sino varias veces,
es cuando se convencieron de que no era un simple hombre, y empezaron a
anunciarlo como el Mesías esperado. Tan convencidos estaban de eso que
no dudaron en entregar su vida por afirmar
esto, y esa firmeza de los apóstoles en afirmar que ellos eran
testigos de todo esto es el
origen de nuestra fe. Nuestra
fe no se basa en imaginaciones fantasmagóricas, ni en invenciones de
curas, sino en hechos reales vistos y vividos por un conjunto de
personas reales que dieron su vida por afirmar que era verdad lo que decían.
Amar a Dios y al prójimo “Pero
yo os digo a los que me escucháis: Amad a vuestros enemigos, haced bien
a los que os odien. Bendecid a los os maldigan, rogad por los que os difamen. A todo el que te pida, da, y al
que tome lo tuyo no se lo reclames. Y lo que queráis que os hagan los
hombres, hacérselo vosotros igualmente. Si amáis a los que os aman ¿que
mérito tenéis? También los pecadores aman a los que le aman. Haced el
bien y prestad sin esperar nada a cambio, y vuestra recompensa será
grande, y seréis Hijos del Altísimo, porque El es bueno también con
los ingratos y perversos. Sed compasivos como vuestro Padre es
compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados. Con la medida que midáis
se os medirá .(Lc 6,27) San Agustín, hablando del amor decía: "El
amor a Dios es el primero en la jerarquía del precepto, pero el amor al
prójimo es primero en el
rango de acción". Guardar
todos los mandamientos de la Ley de Dios En San Mateo 19,16 y siguientes leemos: “En esto se le acercó uno y le dijo: Maestro, qué
he de hacer de bueno para conservar la vida eterna?. Si quieres entrar
en la vida eterna, guarda los mandamientos ¿Cuáles?
No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás
falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y amarás al prójimo
como a ti mismo”. Observamos que aquí no dice nada de amar a
Dios, y sí habla del amor al prójimo. ¿Quiere decir eso que el amor a
Dios es secundario? Sigamos leyendo
a Mateo y veremos que en 22,36 como un fariseo pregunta a Jesús:
¿Cual es el mandamiento mayor de la Ley? y Jesús le responde: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el más grande y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamiento pende toda la Ley y los Profetas” Rezar insistentemente:
Pedid y se os dará;
buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide
recibe, el que busca halla y al que llama se le abrirá. ¿Qué padre
hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez le da una culebra, o
si le pide un huevo le da un escorpión?. Si pues vosotros siendo malos
sabéis dar cosas buenas a vuestro hijos ¡cuanto más el Padre del
cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo piden” (Lc
11,5-15) Recibir el Espíritu
Santo es recibir la mayor sabiduría
a que los hombres podemos aspirar. Los apóstoles cambiaron por
completo cuando lo recibieron. Y Cristo nos dice aquí que Dios no se lo
niega a quien se lo pida. Celebrar la eucaristía En
la última cena, después de bendecir y partir el pan lo repartió entre
sus discípulos, y lo mismo hizo con el vino que había en la copa, y
hecho esto dijo a sus discípulos:
Haced esto en memoria mía, y eso es lo que hacemos en la misa.
La eucaristía se convirtió así en algo que debemos celebrar todos los
cristianos, no por orden de los curas sino por mandato de Cristo.
Amaos
los unos a los otros, en esto conocerán que sois mis discípulos. Y
finalmente nos da un
mandamiento nuevo que vale tanto para estar a bien con Dios como con los
hombres. Después de la última
cena, cuando judas salió para entregarlo, Jesús dijo a los apóstoles:
“Os doy un mandamiento nuevo: Que os améis los unos a los otros. Que
como yo os he amado así también os améis vosotros los unos a los
otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos”. (Jn 13,
34-35) Cristo
se está despidiendo ya de sus discípulos. Sabe que va a morir, y esta
es la última recomendación que
da a sus discípulos. Es su
testamento. No tiene nada mejor que decirle. “Amaos como yo os he
amado, en esto conocerán que sois mis discípulos”. Este es, debe
serlo, la bandera, el
distintivo de todos los discípulos
de Cristo. Amarse unos a otros. Amar
es algo muy distinto de eso que los progresistas proclaman como
tolerancia. La tolerancia entre nosotros es un gran valor para la
convivencia pacífica que todos anhelamos, pero el amor va mucho mas
lejos y hace la vida mucho mas agradable. Cristo en esto de la
convivencia pacifica entre los hombres va mucho más lejos que cualquier
progresista. Para comportarnos sensatamente como hombres nos dejó esta doctrina : Recordemos
que en tiempos de Jesús todavía estaba vigente la Ley del Talión,
ojo por ojo y diente por diente. Según esta ley
no debías causar más daño a tu prójimo que el que él te
hubieran hecho, pero sí podías vengarte haciendo al otro tanto daño
como él te hubiera causado a ti. Jesús vino a cambiar este concepto predicando el
amor a todos, incluso a los enemigos. Su Ley era la del amor a todos: “Por
tanto todo cuanto queráis que os hagan los hombres,. hacedlo también
vosotros a ellos; porque esta es la Ley y los Profetas”. (Mt, 7,12) En una ocasión Pedro se acercó a Jesús y le
preguntó: “¿Cuantas veces
tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano?. Dícele Jesús: “No
te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete” . (Mt
18,21) También sobre cómo deben comportarse los Jefes de
las naciones dio Cristo su parecer “Sabéis
que los Jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los
grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros sino
que el que quiera llegar a ser grande será vuestro servidor, de la
misma manera el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a
servir” Mt 20,24). A estas citas podemos añadir otra nada desdeñable
para esos que cifran su vida en acumular
fama, dinero y poder, hoy
tan en boga entre nosotros. A éstos Jesús les recuerda que es Dios el
que dispone de nuestra vida, y que no debemos de cifrar nuestra
felicidad en las riquezas, y se lo recuerda con esta parábola: Un
señor ante la expectativa de una abundante cosecha razonaba así: " Voy a demoler mis graneros, haré
otros mas grandes, reuniré allí todo mi trigo y mis bienes y diré a
mi alma: Tienes muchos bienes en reserva para muchos años; come, bebe y
banquetea. Necio –dice Cristo- esta misma noche te reclamaran el
alma.; las cosas que atesoraste, ¿para quién serán?. Así es el que
atesora riquezas para sí y no se enriquecen en orden a Dios” (Lc 12,
18) . Y
hablando del apego al dinero dice en otra ocasión: “Nadie puede servir a dos
señores ... No podéis servir a Dios y al dinero”. Advertencia muy de
tener en cuenta por esos
que sólo viven para la fama, el dinero y el poder. Cristo tiene en los Evangelios citas que molestan a la gente de hoy, porque la tendencia hoy es hacia el hedonismo, a vivir lo más cómodo posible con olvido de todo lo demás, mientras que el ideal de Cristo es el de servicio a Dios y al prójimo. Difícil compaginar el hedonismo con el servicio a los demás. Esta es la gran disyuntiva de nuestra vida, servir a Dios o servirme a mi mismo, y en el acertar en la elección de esta disyuntiva nos jugamos la felicidad en esta y en la otra porque ambas van parejas, para no confundirnos en esto recordemos una vez mas que felicidad no es equivalente a tener riquezas ni al disfrute de lo mundano cuando esto nos trae amargura o vacío en nuestras vidas.
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