libro de la sabiduria

  

             LIBRO DE LA SABIDURÍA

                                              Introducción

Datos generales

Este libro, como todos los sapienciales,  se le atribuye al rey  Salomón, hijo del Rey David y último que gobernó a todas las tribus e Israel. Fue famoso por su sabiduría y sus  riquezas. Hoy muchos creen que el verdadero autor sería un Israelita avecindado en Alejandría, profundo conocedor de los textos sagrados, y de la historia y las costumbres propias de su pueblo  judío. Reproduce de forma muy fiel y minuciosa los usos y costumbres propios de la liturgia de los cultos paganos de la cultura egipcia, a los cuáles reprueba y considera no actos religiosos, sino tan sólo prácticas idolátricas supersticiosas.

Fecha de composición

De lo anterior se desprende que, si el autor era alejandrino, la fecha del manuscrito no puede remontarse a ninguna fecha anterior a la fundación de la ciudad por el conquistador Alejandro Magno en el año 330. Seguramente es de una fecha posterior, y el  autor de este libro utilizó como fuentes para sus convicciones los textos de la Biblia griega de los LXX.

El Libro de Sabiduría es único en el Antiguo Testamento por la profundidad y amplitud de su exposición doctrinal: puede considerárselo un libro pleno de esperanza y de fe, así como el culmen y conclusión de todo el pensamiento religioso israelita justamente anterior a Jesucristo.

La exposición de índole doctrinaria  se centra en tres temas principales:

 En el destino del ser humano, en Dios y en la sabiduría, entendiendo como tal el seguimiento de la moral que permite vivir armónicamente dentro de un grupo.  Defiende, entre otras cosas, que  todo ser humano  tiene un fragmento de Dios mismo oculto en su interior, y de él dimana todo conocimiento y sabiduría.

 

                            DEL LIBRO DE LA SABIDURÍA

                                     CAPITULO 1

 Amad la justicia los que juzgáis la tierra, pesad rectamente del Señor, y con sencillez de corazón buscadle, porque se deja hallar a los que no le temen, se manifiesta a los que no desconfían de Él. Los pensamientos tortuosos apartan de Dios.

El alma fraudulenta no entra en la Sabiduría. El espíritu santo que nos educa huye del engaño y  se aleja de los pensamientos necios

La Sabiduría (Dios) es un espíritu que ama al hombre, pero no deja sin castigo los labios del blasfemo. Nadie que profiera iniquidades quedará oculto, ni le pasará por alto la justicia vengadora. Un oído celoso escucha todo, guardaos de murmuraciones inútiles y preservad vuestra lengua de maledicencia, porque la boca mentirosa da muerte al alma.

No fue Dios quien hizo la muerte, ni se recrea en la destrucción de los vientres. Él todo lo creó para que subsistiera.

                                      CAPITULO 2

 La vida según los impíos.

 (Nota mía: Esto se escribió hace más de 2000 años, y hoy muchos que piensan asi creen que han descubierto el mundo. Con razón dice Cohélet que lo que hoy se dice y hoy se piensa ya se dijo y ya pensó también antes)

 Los impíos con las manos y las palabras llaman a la muerte; teniéndola por amiga. Ellos dicen discurriendo desacertadamente:

"Corta es y triste nuestra vida; no hay remedio en la muerte del hombre ni se sabe de nadie que haya vuelto del Hades. Por azar llegamos a la existencia, y luego seremos como si nunca hubiéramos sido. Porque humo es el aliento de nuestra nariz, y el pensamiento, una chispa del latido de nuestro corazón; al apagarse, el cuerpo se volverá ceniza y el espíritu se desvanecerá como aire inconsistente.  Caerá con el tiempo nuestro nombre en el olvido, nadie se acordará de nuestras obras; pasará nuestra vida como rastro de nube, y se disipará como niebla acosada por los rayos del sol y por su calor vencida. Paso de una sombra es el tiempo que vivimos, no hay retorno en nuestra muerte,  porque se ha puesto el sello y nadie regresa.

Venid pues, y disfrutemos de los bienes presentes, gocemos de las criaturas con el ardor de nuestra juventud. Hartémonos de vinos exquisitos y no se nos pase ninguna flor primavera. Sea nuestra fuerza norma de la justicia, que la debilidad, como se ve, de nada sirve.

 Error de los impíos cuando piensas así

 Así discurren, pero se equivocan; los ciega su maldad; no conocen los secretos de Dios, no esperan recompensa por la santidad ni creen en el premio de las almas intachables, porque Dios creó al hombre para la incorruptibilidad, le hizo imagen de su misma naturaleza; mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo y la experimentan los que le pertenecen al mundo.

                                             CAPITULO 3

 Comparación de la suerte de los justos y de los impíos

En cambio, a las almas de los justos que están en las manos de Dios les alcanzará tormento alguno. A los ojos de los insensatos pareció que habían muerto; se tuvo por quebranto su salida, y su partida de entre nosotros por completa destrucción; pero ellos están en la paz. Aunque por una corta corrección hayan sufrido castigos, su esperanza estaba llena de inmortalidad y recibirá largos beneficios, pues Dios los sometió a prueba* y los halló dignos de sí. Cómo oro en el crisol los probó y como holocausto los aceptó. Los que en él confían entenderán la verdad, y los que le son fieles permanecerán junto a él en el amor. En cambio, los impíos tendrán la pena que sus pensamientos merecen.

Desgraciados los que desprecian la sabiduría y la instrucción. Vana es su esperanza, sin provecho sus fatigas, inútiles sus obras.

                                              CALITULO 4

 Más vale la esterilidad que una posteridad impía.

 Que los hijos nacidos de sueños culpables son testigos el día de juicio de la maldad de su padres. 

 La ancianidad venerable no es la de los muchos días, ni se mide por el número de años La verdadera canicie (la verdadera corona de la vejez) para el hombre es la prudencia, y una vida inmaculada.

 Los impíos en el Juicio.

 AI tiempo de dar cuenta de sus pecados irán acobardados, y sus iniquidades se les enfrentarán acusándoles. Estará entonces el justo en pie con gran confianza en presencia de los que le afligieron y despreciaron sus trabajos.

Al verle, quedarán estremecidos de terrible espanto, estupefactos por lo inesperado de su salvación. Se dirán mudando de parecer, gimiendo en la angustia de su espíritu: Este es aquel a quien hicimos entonces objeto de nuestras burlas, a quien dirigíamos, insensatos, nuestros insultos. Locura nos pareció su vida,  y su muerte una ignominia.

¿Cómo, pues, ha sido contado entre los hijos de Dios y tiene su herencia entre los santos?

          Vagamos fuera del camino de la verdad; la luz de la justicia no nos alumbró, no salió el sol para nosotros. Nos hartamos de andar por sendas de iniquidad y perdición, atravesamos desiertos intransitables; pero el camino del Señor, no lo conocimos. ¿De qué nos sirvió nuestro orgullo? ¿De qué la riqueza y la jactancia? Todo aquello pasó como una sombra, como noticia que va corriendo; como nave que atraviesa las aguas agitadas, y no es posible descubrir la huella de su paso ni el rastro de su quilla en las olas.

La esperanza del impío es como brizna arrebatada por el viento, como espuma ligera acosada por el huracán; se desvanece como el humo con el viento; pasa como el recuerdo del huésped de un día.

 Fin dichoso de los justos y castigo de los impíos.

 Los justos, en cambio, viven eternamente. En el Señor está su recompensa, y su cuidado a cargo del Altísimo. Recibirán por eso de mano del Señor la corona real del honor y la diadema de la hermosura; pues con su diestra los protegerá y los escudará con su brazo.

                        Salomón y la búsqueda de la sabiduría

 Los reyes deben buscar la Sabiduría.

 Oíd pues y entended. Aprended jueces de los confines de la tierra. Estad atentos los que gobernáis multitudes y estáis orgullosos de la muchedumbre de vuestros pueblos. Porque del Señor habéis recibido el poder, del Altísimo, la soberanía; él examinará vuestras obras y sondeará vuestras intenciones.

Si, como ministros que sois de su reino, no habéis juzgado rectamente, ni observado la ley, ni caminado siguiendo la voluntad de Dios, terrible y repentino se presentará ante vosotros. Porque un juicio implacable espera a los que están en lo alto; al pequeño, por piedad, se le perdona, pero los poderosos serán poderosamente examinados.

A vosotros, pues, soberanos, se dirigen mis palabras para que aprendáis sabiduría y no faltéis: porque los que guarden santamente las cosas santas, serán reconocidos santos, y los que se dejen instruir en ellas, encontrarán defensa.

 

La Sabiduría se deja hallar. (No habla aquí de la sabiduría de la ciencia, sino de la sabiduría del buen obrar)

 Radiante e inmarcesible es la Sabiduría. Fácilmente la contemplan los que la aman y la encuentran los que la buscan. (Y se quedan sin ella los que no la buscan) . Se anticipa a darse a conocer a los que la anhelan. Quien madrugue para buscarla, no se fatigará, que a su puerta la encontrará sentada. Pensar en ella es la perfección de la prudencia, y quien por ella se desvele, pronto se verá sin cuidados.  Pues ella misma va por todas partes buscando a los que son dignos de ella; se les muestra benévola en los caminos y les sale al encuentro en todos sus pensamiento. Su comienzo es el deseo y la preocupación por la instrucción en el amor.

 Salomón va a describir la Sabiduría.

 Yo también soy un hombre mortal como todos, un descendiente del primero que fue formado de la tierra. En el seno de una madre fui hecho carne; durante diez meses (lunares) fui modelado en su sangre, de una semilla de hombre y del placer que acompaña al sueño. Yo también, una vez nacido, aspiré el aire común, caí en la tierra que a todos recibe por igual y mi primera voz fue la de todos: lloré. Me crié entre pañales y cuidados. Pues no hay rey que haya tenido otro comienzo de su existencia. Una es la entrada en la vida para todos y una misma la salida.

 Aprecio de Salomón por la Sabiduría.

 Por eso pedí y se me concedió la prudencia; supliqué y me vino el espíritu de Sabiduría. Y la preferí a cetros y tronos y en nada tuve a la riqueza en comparación de ella. Ni a la piedra más preciosa la equiparé, porque todo el oro a su lado es un puñado de arena, y barro parece la plata en su presencia. La amé más que la salud y la hermosura ,y preferí tenerla a ella más que a la luz, porque la claridad que de ella nace no conoce noche.

Con ella me vinieron a la vez todos los bienes, y riquezas incalculables en sus manos, y yo me regocijé con todos estos bienes porque la Sabiduría los trae, aunque ignoraba que ella fuese su madre. Con sencillez la aprendí y sin envidia la comunico; no me guardo ocultas sus riquezas porque es para los hombres un tesoro inagotable y los que lo adquieren se granjean la amistad de Dios.

Llamamiento a la inspiración divina

 

 Concédame Dios hablar según él quiere y concebir pensamientos dignos de sus dones, porque él es quien guía a la Sabiduría y quien dirige a los sabios; que nosotros y nuestras palabras en sus manos estamos con toda nuestra prudencia y destreza en el obrar. Fue él quien me concedió un conocimiento verdadero de los seres, para conocer la estructura del mundo y la actividad de los elementos, el principio, el fin y el medio de los tiempos, los cambios de los solsticios y la sucesión de las estaciones.

Cuanto está oculto y cuanto se ve, todo lo conocí porque el artífice de todo, la Sabiduría (que es Dios), me lo enseñó.

 Elogio de la Sabiduría  (del conocimiento de lo bueno y lo malo y del deseo de seguir lo bueno)

 Pues hay en ella un espíritu inteligente , santo, único, múltiple, sutil,

ágil, perspicaz, inmaculado, claro, impasible, amante del bien, agudo, incoercible, bienhechor, amigo del hombre, firme, seguro, sereno,

que todo lo puede, todo lo observa, penetra todos los espíritus,

los inteligentes, los puros, los más sutiles.

Porque a todo movimiento supera en movilidad la Sabiduría, todo lo atraviesa y penetra en virtud de su pureza. Es un hálito del poder de Dios , una emanación pura de la gloria del Omnipotente.

 En todas las edades, entrando en las almas santas, forma en ellas amigos del Dios. Si en la vida la riqueza es una posesión deseable, ¿qué cosa más rica que la Sabiduría que todo lo hace? ¿Quién sino la Sabiduría (el arte del bien obrar) es el artífice de cuanto bueno existe?

 Salomón va a pedir la Sabiduría.

 Pensando esto conmigo mismo y considerando en mi corazón que se encuentra la inmortalidad en emparentar con la Sabiduría por todos los medios buscaba la manera de hacérmela mía.

Era yo un muchacho de buen natural, me cupo en suerte un alma buena, más bien, siendo bueno, vine a un cuerpo incontaminado, pero, comprendiendo que no podría poseer la Sabiduría si Dios no me la daba, -y ya era un fruto de la prudencia saber de quién procedía esta gracia- recurrí al Señor y le pedí, y dije con todo mi corazón:

 Oración para alcanzar la Sabiduría.

 «Dios de los Padres, Señor de la misericordia que hiciste el universo con tu palabra, y con tu Sabiduría formaste al hombre para que dominase sobre los seres por ti creados, administrase el mundo con santidad y justicia y juzgase con rectitud de espíritu, dame la Sabiduría, que se sienta junto tu trono, y no me excluyas del número de tus hijos. Que soy un siervo tuyo, hijo de tu sierva, un hombre débil y de vida efímera, poco apto para entender la justicia y las leyes. Pues, aunque uno sea perfecto entre los hijos de los hombres, si le falta la Sabiduría que de ti procede, en nada será tenido.

(Continúa la bella oración de petición de la sabiduría, que cortamos aquí para no externos demasiado).

 La sabiduría en la Historia

 En esta parte trata el autor de narrar las cosas que la sabiduría de Dios ha realizado con su pueblo a través de la Historia, y cuenta la Historia del Pueblo de Israel. Como esta es bastante extensa y es fácil encontrar el original en cualquier Biblia nos ha parecido oportuno prescindir aquí de contenido. Resumiendo todo sobre la sabiduría de la que aquí habla el autor, podríamos decir que la sabiduría de Dios consiste en guiar a los hombres por el buen camino, a veces con castigos y a veces echándoles una mano, y la sabiduría de los hombres consiste en descubrir la fuente de la sabiduría (Dios) y buscarla con todas nuestras fuerzas . En esta sabiduría lo principal no es saber cual es la voluntad de Dios sino obrar conforme a esa voluntad divina.   

 

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