laicismo en general
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EL LAICISMO EN GENERAL Introducción Al empezar este tema parece
conveniente hacerlo aclarando algunos conceptos confusos entre laicidad,
laicismo, ateismo y estado
aconfesional. Los términos laicidad
y laicismo se utilizan, a veces como sinónimos y a veces
como antinómicos., o al menos como de sentido divergente dentro
de su campo común. Así vemos que en los medios de comunicación se
dice que no puede existir un laicismo agresivo, porque laicismo –según
su entender- es igual que laicidad, y la laicidad, igual la
aconfesionalidad, y esto no agrede a
nadie, no va contra nadie. En el lenguaje
común suele entenderse como
laicidad del estado la doctrina que se basa en la separación
entre estado y religión, respetando los dos planos, ni la Iglesia ataca
al Estado ni el Estado atenta con sus leyes contra las creencias
religiosas. En este sentido laicidad del Estado equivale a Estado
aconfesional. Por el contrario un Estado laicista, al estilo del
Gobierno de Zapatero , se entiende aquel que intenta cambiar
la ideología de una sociedad de creyentes a otra ideología atea
donde Dios quede fuera de toda actividad pública. El Gobierno de Rodríguez
Zapatero en España, según
su propia confesión tiene
por objeto sustituir la ética religiosa por una ética social carente
de toda idea religiosa, e imponer un
sistema de gobierno basado en mayorías, que, según ellos,
son las únicas que pueden decidir las normas morales, sociales y
políticas por las que
ha de regirse el país. El laicismo se convierte así en una
ideología que trata de eliminar toda referencia a Dios y a las
religiones, en su lugar las
leyes dadas por el Gobierno de turno. El laicismo entendido de esta
forma es una laicismo beligerante contra la Iglesia, puesto que aunque
no lo declare así, trata de eliminarla de la vida social.
Cuando aquí hablamos del laicismo nos referimos a este tipo de
laicismo que con sus enseñanzas y sus leyes atenta contra Dios y la
religión. ¿Quién está detrás de
toda esta maquinaria laicista?
En primer lugar tenemos a la Internacional Socialista, poderosa
institución formada por cerca de 200 países miembros, además de otras
poderosas instituciones asociadas en las tiene extendidos sus
tentáculos, como la ONU, Amnistía Internacional y otras semejantes que
participan en la organización
mundial, y desde las que también se extiende la ideología
laicista-socialista. Documentos que recogen la
ideología laicista Creemos que hay dos
documentos que resumen bien los fundamentos de esta ideología sin
necesidad de entrar en
discusiones farragosas sobre este punto. Uno es que recoge en cinco
tesis este tipo de ideología, del que es autor Fernando Savater, Catedrático
de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid, y el otro es la
“Carta Ética de la Internacional Socialista Adoptada
por el XXII Congreso de esta Internacional en São Paulo Transcribimos
estos documentos tal y como aparecen publicados y después
haremos nuestro particular comentario. Las cinco tesis del laicismo
(Copiado del libro “La Vida Eterna de F. Savater) El
debate sobre la relación entre el laicismo y la sociedad democrática
actual (en España y en Europa) viene ya siendo vivo en los últimos
tiempos y probablemente cobrará nuevo vigor en los que se avecinan:
dentro de nuestro país, por las decisiones políticas en varios campos
de litigio que previsiblemente adoptará el próximo Gobierno; y en toda
Europa, a causa de los acuerdos que exige la futura Constitución
europea y por la amenaza de un terrorismo vinculado ideológicamente a
determinada confesión religiosa. En cuestiones como ésta, en que la
ceguera pasional lleva a muchos a tomar por enemistad diabólica con
Dios el veto a ciertos sacristanes y demasiados inquisidores, conviene
intentar clarificar los argumentos para dar precisión a lo que se
plantea. A ello y nada más quisieran contribuir las cinco tesis
siguientes, que no pretenden inaugurar mediterráneos, sino sólo ayudar
a no meternos en los peores charcos. 1)
Durante
siglos, ha sido la tradición religiosa -institucionalizada en la
iglesia oficial- la encargada de vertebrar moralmente las sociedades.
Pero las democracias modernas basan sus acuerdos axiológicos en leyes y
discursos legitimadores no directamente confesionales, es decir,
discutibles y revocables, de aceptación en último caso voluntaria y
humanamente acordada. Este marco institucional secular no excluye ni
mucho menos persigue las creencias religiosas: al contrario, las protege
a las unas frente a las otras. Porque la mayoría de las persecuciones
religiosas han sucedido históricamente a causa de la enemistad
intolerante de unas religiones contra las demás o contra los herejes.
En la sociedad laica, cada iglesia debe tratar a las demás como ella
misma quiere ser tratada... y no como piensa que las otras se merecen.
Convertidos los dogmas en creencias particulares de los ciudadanos,
pierden su obligatoriedad general pero ganan en cambio las garantías
protectoras que brinda la Constitución democrática, igual para todos. 2)
En
la sociedad laica tienen acogida las creencias religiosas en cuanto
derecho de quienes las asumen, pero no como deber que pueda imponerse a
nadie. De modo que es necesaria una disposición secularizada y
tolerante de la religión, incompatible con la visión integrista que
tiende a convertir los dogmas propios en obligaciones sociales para
otros o para todos. Lo mismo resulta válido para las demás formas de
cultura comunitaria, aunque no sean estrictamente religiosas, tal como
dice Tzvetan Todorov: "Pertenecer a una comunidad es, ciertamente,
un derecho del individuo pero en modo alguno un deber; las comunidades
son bienvenidas en el seno de la democracia, pero sólo a condición de
que no engendren desigualdades e intolerancia" (Memoria del mal). 3)
Las
religiones pueden decretar para orientar a sus creyentes qué conductas
son pecado, pero no están facultadas para establecer qué debe o no ser
considerado legalmente delito. Y a la inversa: una conducta tipificada
como delito por las leyes vigentes en la sociedad laica no puede ser
justificada, ensalzada o promovida por argumentos religiosos de ningún
tipo ni en atenuante para el delincuente la fe (buena o mala) que
declara. De modo que si alguien apalea a su mujer para que le obedezca o
apedrea al sodomita (lo mismo que si recomienda públicamente hacer
tales cosas), da igual que los textos sagrados que invoca a fin de
legitimar su conducta sean auténticos o apócrifos, estén bien o mal
interpretados, etcétera...: en cualquier caso debe ser penalmente
castigado. La legalidad establecida en la sociedad laica marca los límites
socialmente aceptables dentro de los que debemos movernos todos los
ciudadanos, sean cuales fueren nuestras creencias o nuestras
incredulidades. Son las religiones quienes tienen que acomodarse a las
leyes, nunca al revés. 4)
En
la escuela pública sólo puede resultar aceptable como enseñanza lo
verificable (es decir, aquello que recibe el apoyo de la realidad científicamente
contrastada en el momento actual) y lo civilmente establecido como válido
para todos (los derechos fundamentales de la persona constitucionalmente
protegidos), no lo inverificable que aceptan como auténtico ciertas
almas piadosas o las obligaciones morales fundadas en algún credo
particular. La formación catequística de los ciudadanos no tiene por
qué ser obligación de ningún Estado laico, aunque naturalmente debe
respetarse el derecho de cada confesión a predicar y enseñar su
doctrina a quienes lo deseen. Eso sí, fuera del horario escolar. De lo
contrario, debería atenderse también la petición que hace unos meses
formularon medio en broma medio en serio un grupo de agnósticos: a
saber, que en cada misa dominical se reservasen diez minutos para que un
científico explicara a los fieles la teoría de la evolución, el Big
Bang o la historia de la Inquisición, por poner algunos ejemplos. 5)
Se ha discutido mucho la oportunidad de incluir
alguna mención en el preámbulo de la venidera Constitución de Europa
a las raíces cristianas de nuestra cultura. Dejando de lado la evidente
cuestión de que ello podría entonces implicar la inclusión explícita
de otras muchas raíces e influencias más o menos determinantes, dicha
referencia plantearía interesantes paradojas. Porque la originalidad
del cristianismo ha sido precisamente dar paso al vaciamiento secular de
lo sagrado (el cristianismo como la religión para salir de las
religiones, según ha explicado Marcel Gauchet), separando a Dios del César
y a la fe de la legitimación estatal, es decir, ofreciendo cauce
precisamente a la sociedad laica en la que hoy podemos ya vivir. De modo
que si han de celebrarse las raíces cristianas de la Europa actual,
deberíamos rendir homenaje a los antiguos cristianos que repudiaron los
ídolos del Imperio y también a los agnósticos e incrédulos
posteriores que combatieron al cristianismo convertido en nueva idolatría
estatal. Quizá el asunto sea demasiado complicado para un simple preámbulo
constitucional... 6)
Coda y final: el combate por la sociedad laica no
pretende sólo erradicar los pujos teocráticos de algunas confesiones
religiosas, sino también los sectarismos identitarios de etnicismos,
nacionalismos y cualquier otro que pretenda someter los derechos de la
ciudadanía abstracta e igualitaria a un determinismo segregacionista.
No es casualidad que en nuestras sociedades europeas deficientemente
laicas (donde hay países que exigen determinada fe religiosa a sus
reyes o privilegian los derechos de una iglesia frente a las demás)
tenga Francia el Estado más consecuentemente laico y también el más
unitario, tanto en su concepción de los servicios públicos como en la
administración territorial. Por lo demás, la mejor conclusión teológica
o ateológica que puede orientarnos sobre estos temas se la debo a
Gonzalo Suárez: "Dios no existe, pero nos sueña. El Diablo
tampoco existe, pero lo soñamos nosotros" (Acción-Ficción). Pasemos ahora al segundo
de los documentos citados. Carta ética de la
internacional socialista.
(Adoptada
por el XXII Congreso de la Internacional Socialista, São Paulo) Nosotros, los partidos
miembros de la Internacional Socialista, reafirmamos nuestra total
adhesión a los valores de igualdad, de libertad, justicia, solidaridad
y paz que son el fundamento del socialismo democrático. Nos
comprometemos solemnemente a respetar, defender y promover estos valores
dentro del espíritu de las declaraciones fundamentales y de las campañas
de la Internacional Socialista. Nuestra adhesión a estos
valores implica aplicar de la manera más estricta posible, el siguiente
código de conducta: 1. Desarrollar políticas
progresistas que favorezcan el bienestar de los individuos, la expansión
económica, el comercio equitativo,
la justicia social, la protección del medio ambiente, en el espíritu
del desarrollo sostenible. Oponerse a toda política
económica y social al servicio de grupos privilegiados y favorecer la
creación de un sistema económico global que convierta las relaciones
Norte-Sur en
más justas y equitativas. Combatir la corrupción en
todas sus formas y los obstáculos a la buena gobernanza. 2. Defender la democracia
pluralista. Esto implica: • la libertad de los
ciudadanos a elegir entre diferentes opciones políticas en el marco de
elecciones libres, frecuentes y transparentes; • la posibilidad de un
cambio de gobierno por medios pacíficos y basado en la libre expresión
de los ciudadanos; • el respeto a los derechos
de las minorías y de los individuos; • un sistema judicial
independiente e imparcial basado en el derecho; • una prensa libre y
pluralista; • el funcionamiento democrático
de los partidos. 3. Garantizar en toda
circunstancia, el respeto a la dignidad humana y actuar en conformidad
con la Declaración Universal de Derechos Humanos y con las otras
grandes Convenciones adoptadas por la Organización de Naciones Unidas y
sus Instituciones. Proscribir la pena de muerte. Respetar y reforzar los
derechos fundamentales de la persona, ya sean éstos los derechos
individuales (respeto a la vida privada, a la libertad de pensamiento,
al credo, a la educación, a la orientación sexual, derecho a un trato
igualitario, etc.), los derechos sociales (libertad sindical, derecho a
huelga, protección social, etc.) o los derechos políticos (libertad de
asociación, sufragio universal). Promover la igualdad de género
en todos las esferas de la vida privada y pública; incluyendo al
interior de nuestros partidos y en la toma de decisiones en todas las áreas
y a todos los niveles. Luchar contra toda forma de discriminación basada en el género,
la raza, el origen étnico, la orientación sexual, la lengua, la religión,
las convicciones filosóficas y políticas. Combatir toda corriente ultranacionalista, integrista, xenófoba o racista
y abstenerse de toda forma de alianza política o de cooperación, en el
nivel que sea, con todo partido político que incite o intente avivar
los prejuicios y los odios étnicos o raciales. Rechazar y oponerse
resueltamente a toda desviación hacia el autoritarismo y a todo sistema
político que tolere o practique la violación de los derechos humanos
para conquistar o asentar su poder (asesinatos políticos, tortura,
arrestos arbitrarios, censura de prensa, la prohibición o represión de
las manifestaciones pacíficas, etc.). 4. Apoyar una acción
internacional que favorezca la paz, la tolerancia, el diálogo, la
comprensión y la cooperación entre los pueblos. Abstenerse de emplear la
fuerza militar para conquistar el poder o para dirigir una política
exterior fuera del marco autorizado por las organizaciones
internacionales pertinentes. Esforzarse por eliminar las
armas de destrucción masiva y trabajar en favor del desarme. Reforzar el papel de Naciones
Unidas y de las instituciones regionales que trabajan en favor de una
solución pacífica de los conflictos. 5. Un comité de ética estará
encargado de velar por el respeto del presente código de conducta por
todos los partidos miembros y está habilitado para formular
recomendaciones como también proposiciones de sanciones, a las
instancias dirigentes de la Internacional Socialista. (Fuente: Artículo
publicado en el País 3.4.4).
NUESTRO COMENTARIO A LAS TESIS DE SAVATER
La primera tesis de Savater viene a
decirnos que hasta ahora los valores axiológicos (éticos, estéticos y
religiosos) han estado dirigidos por la Iglesia, pero que en una
sociedad moderna estos valores deben regirse por acuerdos de las mayorías.
Esto lo refuerza en la tesis tres cuando dice:
“La
legalidad establecida en la sociedad laica marca los límites
socialmente aceptables dentro de los que debemos movernos todos los
ciudadanos, sean cuales fueren nuestras creencias o nuestras
incredulidades. Son las religiones quienes tienen que acomodarse a las
leyes, nunca al revés”. ¿Qué
razones nos da el filósofo para asegurar que las mayorías sociales son
mejores que las religiones para fijar las normas morales? Las
religiones, dice en la tesis tres, pueden decretar para orientar a sus
creyentes qué conductas son pecado, pero no están facultadas para
establecer qué debe ser o no considerado legalmente delito. En esto
tiene razón, son las leyes sociales quienes pueden establecer la
legalidad, y cuales son las penas por incumplir esa legalidad, pero las
mayorías no pueden convertir un acto malo en bueno. El principio del
bien y del mal está por encima de las leyes y de las religiones. En
alguna religión al que
roba le cortan la mano; esto, lo apruebe una religión o una mayoría,
es malo, es injusto, porque la pena es desproporcionada al daño. En la
religión católica en tiempos de la Inquisición se condenó gente a la
hoguera por hereje. Aunque la religión
santificó este proceder, y las leyes civiles asintieron este
proceder, no por ello deja de ser un hecho injusto Por
otra parte tenemos que recordar que ha habido, y hay, Estados que amparados en sus leyes aprobadas democráticamente
han dado lugar a holocaustos vergonzantes. De todos es bien conocido el
encumbramiento de Hitler mediante elecciones democráticas, y en todos
están presentes sus horribles matanzas. Nunca las religiones llegaron
tan lejos, ni han llegado a los exterminios que muchos estadistas han
propiciado en nombre de esa libertad que hoy tiene por bandera el
laicismo. No
se puede acusar a la Iglesia de represiva por lo que hizo en tiempos
pasados, y a continuación poner
como ejemplo lo que hacen hoy los gobiernos democráticos
Si queremos comparar lo que hace la Iglesia y lo que
hace el Estado, situemos a los dos en las mismas épocas. Creo
que hoy nadie podrá acusar a
la Iglesia de perseguir a otros porque no practiquen sus ritos o no
comulguen con sus creencias. Las
mayorías democráticas Ya
hemos dicho que el dogma de los defensores a ultranza de las mayorías
democráticas es este: “las mayorías marcan los límites
socialmente aceptables dentro de los que debemos movernos todos los
ciudadanos sean cuales sean nuestras creencias”. (Tesis num. 3) ¿Pero
qué decir cuando esas mayorías se forman mediante pactos, legales sí,
pero que tienen como finalidad la compra de votos a cambio de ventajas
sociales, políticas o económicas para el partido que cede sus votos? Con
demasiada frecuencia vemos partidos minoritarios que critican una
determinada propuesta de ley por injusta, y luego mediante ventajas
cedidas por el gobierno de turno terminan dando su voto favorable a esa
propuesta para que sea aprobada como ley. Como
decimos esa es una ley muy legal, porquen es aprobada la mayoría
parlamentaria, pero ¿si antes era injusta puede haberla hecho justa esa
aprobación? ¿Puede
considerarse sensato dar a estas mayorías la patente del bien y del mal
para que fijen los límites de lo que debemos hacer o dejar de hacer? Tesis
numero 4 Dice
esta tesis: “En la
escuela pública sólo puede resultar aceptable como enseñanza lo
verificable (es decir, aquello que recibe el apoyo de la realidad científicamente
contrastada en el momento actual) y lo civilmente establecido como válido
para todos, no lo inverificable que aceptan como auténtico ciertas
almas piadosas o las obligaciones morales fundadas en algún credo
particular. La formación catequística de los ciudadanos no tiene por
qué ser obligación de ningún
estado...” En
primer lugar tenemos aquí una seria
contradicción con las tesis anteriores. Si las mayorías son las que
fijan los limites de lo que debe hacerse, y en un país
hay mayoría de una religión que pide que se enseñe que Dios
existe (cosa inverificable según ellos), y una minoría pide que eso no
enseñe, ¿a quien debe atenderse, a la mayoría que pide que enseñe
religión o a la minoria que pide que no enseñe? Dice
también esta tesis que sólo puede ser aceptable como enseñanza lo
verificable, lo contrastado por la realidad científica. ¿Entonces, no
pueden enseñarse las teorías de los científicos que aún no han sido
científicamente demostradas? Dirán que esto sí, que esto se enseña
en todas las Universidades, pero no como algo probado, sino como una hipótesis
de determinados científicos. ¿Entonces, podría enseñarse en las
Universidades la existencia de Dios como una hipótesis admitida por
muchos científicos? Por que son muchos los científicos que admiten
esta hipótesis, al menos tantos, o más,
como lo que la niegan. COMENTARIO
A LA CARTA ETICA DE LA INTERNACIONAL SOCIALISTA. ¿Qué
opinar de esta carta? De
entrada nos dice que se adhieren a los valores de igualdad, libertad,
justicia, solidaridad y paz, y que estos valores son el fundamento del
socialismo democrático. ¿Habrá
alguien que no se adhiera a estos valores? También la doctrina de la
Iglesia predica esos valores, aunque lo haga con otros nombre. La
Iglesia católica enseña que todos somos hermanos, luego todos tenemos
que ser iguales. Pide justicia a gritos denunciando las muchas
injusticias de este mundo. En cuanto a la solidaridad nos habla del
compartir, y de hacer a otros lo que quisieras que te hiciesen a ti, y
respecto a la paz interviene numerosas ocasiones para mediar entre
conflictos internacionales, y va mucho mas lejos que las leyes de
socialistas cuando dice: “Si vas a presentar tu ofrenda al altar,
y sabes que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu
ofrenda y vete primero a reconciliar con tu hermano, y cuando te hayas
reconciliado vuelve y haz
tu ofrenda” ¿Hay alguien que tenga mejor doctrina que ésta para
la paz? Y
por favor que nadie saque a relucir aquí las guerras santas de otros
tiempos para decir luego que los estados democráticos actuales
defienden hoy la Paz. También e comunismo-socialismo que hoy tanto
defiende la paz, ayer fue anarquistas y provocaron muchas revueltas con
destrucciones de templos y asesinatos de toda clase,
y también los creyentes y la Iglesia de hoy
defiende el dialogo como cualquier estado,
aunque la Iglesia en su estructura jerárquica sea distinta
a la del Estado en razón de
su ser, que es distinta a la razón de ser
del Estado. Personalmente
veo bien los valores que
defiende la ética
socialista, y me adhiero a
la literalidad de lo que aquí allí se dice, aunque no veo razón para
tratar de quitar los valores cristianos, que a mi juicio superan a los
valores humanos que defiende el laicismo y que han sido el fundamento de
nuestra cultura, de la que tenemos motivos para estar orgullosos de
ella. Hay
algo que llama la atención en la carta ética del socialismo democrático
y es que en ningún momento hacen referencia a Dios ni a las religiones,
si exceptuamos el párrafo que dice que no se puede discriminar por razón
de religión. Todo esto está muy en la línea de la ideología
socialista de eliminar toda creencia religiosa en la sociedad actual, y
proclamar el dominio del Estado sobre los individuos a través de sus
leyes. En
este análisis cabe hacerse una pregunta fina: ¿Cómo proclamando tan
buenos valores ético-sociales resulta luego tan desastrosa su aplicación?
Al hablar así tengo en mente
al Gobierno de Rodríguez Zapatero en España, que se define como
socialista democrático progresista, y
que a base de conceder derechos a unos está restringiendo la
libertad de otros, v.g. cuando concede a una adolescente el derecho a
abortar libremente está obligando al médico a que le practique el
aborto cuando se lo pida, aunque esto vaya en contra de su conciencia.
¿Puede haber mayor limitación de la libertad de un individuo que
obligarle por ley a
realizar actos que según su conciencia son injustos y perversos?
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