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PRIMER DECÁLOGO:
LOS
MANDAMIENTOS DE LA LEY DE
DIOS
Entre
nosotros, los occidentales,
no gozan en
estos momentos de
muchas simpatías, sobre todo en algunos sectores
de la sociedad, y parece que están como de retirada,
mientras que en otras partes de la geografía
se encuentran en pleno vigor.
Este
decálogo lleva mas de 3000 años de vigencia entre los judíos.
En la Biblia se dice que fue dado por Yahvéh a Moisés en el
Monte Sinaí hacia el año 1250 a. de C., por lo que ya cuentan
mas de 32 siglos de existencia. Un poco viejo piensan algunos
para ser tenidos en consideración en los tiempos actuales, pero
si tenemos en cuenta que se dieron para que sirvieran de guía a
nuestra naturaleza humana,
y que nuestra naturaleza varía muy poco con el paso de
los siglos, bien podemos pensar que también valen para estos
tiempos. Este decálogo ha sido el germen de la cultura judía y
también de la cultura europea y americana, y no deben haber
sido tan malos cuando estas culturas pueden considerarse como
las mas adelantadas de la civilización dentro de nuestro
planeta.
Dichos
mandamientos son los diez siguientes, según el resumen que hace
de ellos la Iglesia Católica:
1°
Amarás a Dios sobre todas las cosas.
2°
No tomarás el nombre de Dios en vano
3º
Santificarás las fiestas
4°
Honrarás a tu padre y a tu madre.
5
No matarás.
6°
No cometerás actos impuros.
7°
No hurtarás.
8°
No levantarás falso testimonio ni mentirás haciendo daño a
otros.
9°
No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
10° No desearás los bienes ajenos.
En el primer mandamiento se nos manda amar a Dios
como Padre comprensivo que quiere nuestro bien, pero sin olvidar que por ser justo puede castigarnos si
hacemos el mal.
En
el segundo se nos recuerda que no debemos tomar el nombre de
Dios en vano, esto es, no debemos utilizarlo para mofas y burlas
como hacen muchos irreverentes. Es de mal nacido ser
desagradecido con quien nos
hace favores, y Dios, aunque no nos demos cuenta de ello,
nos los está haciendo continuamente.
En
el tercero se nos recuerda que debemos dedicar
algún tiempo a ocuparnos de nuestros asuntos
espirituales, al menos un día a la semana.
Estos
tres primeros mandamientos hacen referencia al honor a Dios,
los otros siete al provecho del prójimo. De aquí
que los diez mandamientos puedan sintetizarse en dos:
amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros
mismos.
El
amor al prójimo es la mejor receta para la convivencia pacífica
entre los hombres, y es recomendado a nivel universal bajo dos fórmulas, una positiva y otra negativa. La negativa, las más
generalizada, dice: No hagas a otro lo que no quieras que te
hagan a ti. La positiva, la más aceptada por la Iglesia Católica
dice: Haz a otros
lo que quieras que te hagan a ti. Cristo lo describe
muy gráficamente en la parábola del Buen Samaritano.
Sentir
el amor de Dios es el mayor regalo que un hombre puede recibir
en la tierra, y porque este amor
es percibido por muchos, es por lo que este Dios –Yahveh-
pervive en el corazón de los hombres desde hace tanto tiempo.
Abraham Linconl decía que Dios ama a los hombres
corrientes, y que por eso ha hecho tantos. Cristo orando
al Padre decía: “Te doy gracias, Padre, Señor de
cielo y tierra porque has escondido estas cosas a los sabios y
entendidos y se las has revelado a la gente sencilla”. (Mt
11,25-30). Sí, no hace falta ser sabio, ni un gran santo, para
percibir y gustar del amor de Dios. También los hombres
corrientes, la gente sencilla, esa
que abunda tanto con sus vicios y sus virtudes, pueden
percibir el amor de Dios y ser testigos de la mayor felicidad
que un ser humano puede experimentar en la tierra. Y lo digo por
propia experiencia. Estoy convencido de que mientras estos seres
abunden en la tierra no habrá fuerza que pueda echar a Dios del
corazón de los hombres, aunque algunos tenidos por sabios se
empeñen en negar su existencia.
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