decalogps fundamentales

  

               TRES DECÁLOGOS FUNDAMENTALES  

                    PARA ORIENTAR NUESTRA VIDA

  Recogemos aquí tres decálogos que a nuestro entender son fundamentales para ordenar nuestras vidas. El primero se refiere a nuestra salud espiritual,  el segundo  a nuestra salud corporal y el tercero al buen ordenamiento económico.

   

                     PRIMER DECÁLOGO: 

        LOS MANDAMIENTOS DE LA LEY DE  DIOS

 Entre nosotros, los occidentales,  no  gozan en estos momentos  de muchas simpatías, sobre todo en algunos sectores  de la sociedad, y parece que están como de retirada, mientras que en otras partes de la geografía  se encuentran en pleno vigor.

Este decálogo lleva mas de 3000 años de vigencia entre los judíos. En la Biblia se dice que fue dado por Yahvéh a Moisés en el Monte Sinaí hacia el año 1250 a. de C., por lo que ya cuentan mas de 32 siglos de existencia. Un poco viejo piensan algunos para ser tenidos en consideración en los tiempos actuales, pero si tenemos en cuenta que se dieron para que sirvieran de guía a nuestra naturaleza humana,  y que nuestra naturaleza varía muy poco con el paso de los siglos, bien podemos pensar que también valen para estos tiempos. Este decálogo ha sido el germen de la cultura judía y también de la cultura europea y americana, y no deben haber sido tan malos cuando estas culturas pueden considerarse como las mas adelantadas de la civilización dentro de nuestro planeta. 

Dichos mandamientos son los diez siguientes, según el resumen que hace de ellos la Iglesia Católica:

1° Amarás a Dios sobre todas las cosas.  

2° No tomarás el nombre de Dios en vano

  Santificarás las fiestas

4° Honrarás a tu padre y a tu madre.

5 No matarás.

6° No cometerás actos impuros.

7° No hurtarás.

8° No levantarás falso testimonio ni mentirás haciendo daño a otros.

9° No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
10° No desearás los bienes ajenos.  

 

  En el primer mandamiento se nos manda amar a Dios  como Padre comprensivo que quiere nuestro  bien, pero sin olvidar que por ser justo puede castigarnos si hacemos el mal.

En el segundo se nos recuerda que no debemos tomar el nombre de Dios en vano, esto es, no debemos utilizarlo para mofas y burlas  como hacen muchos irreverentes. Es de mal nacido ser desagradecido con quien nos  hace favores, y Dios, aunque no nos demos cuenta de ello, nos los está haciendo continuamente.

En el tercero se nos recuerda que debemos dedicar  algún tiempo a ocuparnos de nuestros asuntos espirituales, al menos un día a la semana.

Estos tres primeros mandamientos hacen referencia al honor a Dios,  los otros siete al provecho del prójimo. De aquí  que los diez mandamientos puedan sintetizarse en dos: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos.

El amor al prójimo es la mejor receta para la convivencia pacífica entre los hombres, y es recomendado a nivel universal bajo dos fórmulas,  una positiva y otra negativa. La negativa, las más generalizada, dice: No hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti. La positiva, la más aceptada por la Iglesia Católica dice:  Haz a otros lo que quieras que te hagan a ti. Cristo lo describe  muy gráficamente en la parábola del Buen Samaritano.

 Sentir el amor de Dios es el mayor regalo que un hombre puede recibir en la tierra, y porque este amor  es percibido por muchos, es por lo que este Dios –Yahveh- pervive en el corazón de los hombres desde hace tanto tiempo.   Abraham Linconl decía que Dios ama a los hombres corrientes, y que por eso ha hecho tantos. Cristo orando  al Padre decía: “Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla”. (Mt 11,25-30). Sí, no hace falta ser sabio, ni un gran santo, para percibir y gustar del amor de Dios. También los hombres corrientes, la gente sencilla, esa  que abunda tanto con sus vicios y sus virtudes, pueden percibir el amor de Dios y ser testigos de la mayor felicidad que un ser humano puede experimentar en la tierra. Y lo digo por propia experiencia. Estoy convencido de que mientras estos seres abunden en la tierra no habrá fuerza que pueda echar a Dios del corazón de los hombres, aunque algunos tenidos por sabios se empeñen en negar su existencia.   

 

   

              SEGUNDO DECÁLOGO: 

          EL CUIDADO DE  LA SALUD

 No se quien es el autor de este decálogo. Yo lo he tomado de una revista titulada AJUMA (Asociación de jubilados y mayores). Me ha parecido interesante y por eso lo he recogido en este página.

      Dice así:

 1 Dale al cuerpo menos de lo que pide en alimentación, en sexo y en reposo en cama.

2 Dale al cuerpo más de lo que pide en actividad, en  trabajo y en ejercicio físico.

3 Reduce en lo posible las grasas, carbohidratos, picantes, especias y sal.

4 Toma más proteínas, pescados, agua y fibras alimentarias.

5 Suprime el alcohol y el tabaco, y reduce el café y té.

6 Someterse a una revisión médica periódicamente.

7 Cultivar la mente aprendiendo cada día algo nuevo y repasando algo de lo ya  sabido  

8 Vive cada día sin prisa pero sin pausa, como si fuera el primero del resto de tu vida  Evita el estrés. 

9 Pasa los sesenta minutos de cada hora ocupado, pero no preocupado.

10 Vivir la tercera edad como si fuera la tercera juventud , pero obrando como lo que eres, persona mayor, y no queriendo imitar en todo a los de veinte años. 

 El filosofo alemán H-G Gadamer tiene escrito un libro que en castellano se titula El estado oculto de la salud. En él viene a decir que la salud es un tesoro que llevamos dentro sin darnos cuenta de ello. Nos damos cuenta de su valor cuando nos falta, y opina este autor que su conservación  o su deterioro depende en muchas ocasiones de nuestros buenos o malos hábitos. Pensemos que si tiene mérito curar más lo tiene prevenir la enfermedad.  

 

   

                       TERCER DECÁLOGO

 DECÁLOGO DE ABRAHAM LINCOLN PARA LA BUENA ECONOMÏA:  

     (El secreto de la prosperidad americana)

 1 No puedes crear prosperidad desalentando la iniciativa privada

2 No puedes ayudar al débil aplastando al fuerte. (Crearías otro débil)

3 No se puede ayudar al pequeño aplastando a los grandes. (Los grandes son los que pueden ayudar a los pequeños)

4 No se puede ayudar al pobre destruyendo a los ricos. (los ricos son los que pueden hacer algo para aliviar la pobreza)

5 No se puede elevar al asalariado presionando a quien paga el salario

6 No podrás resolver tus problemas económicos mientras gastes más de lo que ganas.

7 No podrás promover la fraternidad de la humanidad incitando al odio de clases.

8 No puedes garantizar la adecuada seguridad con dinero prestado

9 No puede formar el carácter y el valor del hombre  quitándole su independencia y su iniciativa

10 No puedes ayudar a los hombres realizando por ellos permanentemente lo que ellos pueden y deben hacer por sí mismos.

 Me parece interesante este decálogo en los tiempos que corren aquí en España cuando todo se espera del Estado y se incita a la lucha de clases.

Creo que es interesante  cuando dice que no se puede promover la fraternidad de la humanidad incitando al odio de clases, que no se resuelven nuestros problemas mientras gastemos más de lo que ingresemos, que no se ayuda a los pobres destruyendo a los ricos, y que el Estado no está ayudando a la sociedad  cuando se adjudica cosas que la sociedad debe hacer por ella misma.

Menos pedir derechos al Estado y aportar más esfuerzos personales para realizar bien nuestro trabajo. Así se pasó en España de la gran pobreza de la postguerra al bien estar de los años setenta, lo que fue conocido internacionalmente como el milagro español.

 Hoy todo el mundo reclama sus derechos y el Estado se ha constituido en una maquina de hacer derechos, olvidándose todos de sus obligaciones e ignorando que para poder reclamar derechos hay que cumplir nuestras obligaciones.    

Me parece interesante este decálogo en los tiempos que corren aquí en España cuando todo se espera del Estado y se incita a la lucha de clases. Creo que es interesante  cuando dice que no se puede promover la fraternidad de la humanidad incitando al odio de clases, que no se resuelven nuestros problemas mientras gastemos más de lo que ingresemos, que no se ayuda a los pobres destruyendo a los ricos, y que el Estado no está ayudando a la sociedad  cuando se adjudica cosas que la sociedad debe hacer por ella misma.

Menos pedir derechos al Estado y aportar más esfuerzos personales para realizar bien nuestro trabajo. Así se pasó en España de la gran pobreza de la postguerra al bien estar de los años setenta, lo que fue conocido internacionalmente como el milagro español.

 Hoy todo el mundo reclama sus derechos y el Estado se ha constituido en una maquina de hacer derechos, olvidándose todos de sus obligaciones e ignorando que para poder reclamar derechos hay que cumplir nuestras obligaciones.  

 

                                 Volver a pagina principal