crisis economica y de valores
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NUESTRAS CRISIS HOY EN ESPAÑA CRISIS FINANCIERA, CRISIS ECONÓMICA, CRISIS DE VALORES SOCIALES Y CRISIS DE FE. Por Jesús Hernández Criado Introducción Hoy todos hablamos de crisis. ¿pero sabemos qué es
una crisis? ¿Sabemos qué clases de crisis estamos padeciendo?
Tal vez alguien diga que eso es cosa de los políticos y de los
economistas. Según están las cosas, esto, hoy, es cosa de todos,
porque a todos nos afectan las crisis que estamos padeciendo, tanto en
lo económico como en lo moral y en lo espiritual. Dicen los Obispos
españoles que los cristianos “No podemos ni debemos
quedarnos al margen de la historia en la búsqueda y la construcción de
una sociedad más justa y más pacífica”. Para esto necesitamos salir de las sacristías y de
las rutinas de nuestro rezos. No se trata de abandonar las primeras ni
lo segundo, pero tenemos
que saber que si queremos una sociedad más justa y más humana tenemos
que involucrarnos más en su construcción, o de lo contrario tendremos
que resignarnos a vivir en una sociedad
construida sin nosotros, y lo que es peor, contra nosotros.
Clases de crisis que estamos padeciendo. En nuestro lenguaje ordinario decimos que tenemos crisis de
algo cuando ese algo nos falta. No
es esta una definición correcta de la crisis, pero nosotros nos
entendemos con esto. Así decimos que cuando nos falta dinero estamos en
una crisis financiera. Cuando no hay puestos de trabajo decimos que
estamos en una crisis económica. Cuando
faltan valores sociales decimos que estamos en crisis de valores
sociales. Y cuando la gente deja de practicar religión y de creer en la
existencia de Dios decimos
que hay crisis de fe. Origen de la crisis financiera. Se suele apuntar como origen de esta crisis las hipotecas de difícil cobro (las célebres subprime) cuya práctica comenzó en América Los Bancos americanos, para aumentar su negocio y su liquidez, empezaron a conceder créditos para viviendas a personas que no tenían ingresos ni bienes para responder de esos créditos. Estas hipotecas basura (así llamadas por falta de cobertura económica para responder de su pago) las juntaban con otras buenas y hacían un paquete con todas, y luego vendían todo el paquete a otros bancos como si todas las hipotecas fueran buenas. Con esto los bancos emisores de esos paquetes obtenían dinero para hacer sus pagos. El problema llegó cuando se descubrió el pastel y ya nadie quería comprar esos paquetes. Los bancos vendedores de esos paquetes intoxicados se quedaron sin compradores, y con ello sin liquidez, y los bancos que habían comprado los paquetes intoxicados también se quedaron sin dinero al no poder cobrar la hipotecas. Si reflexionamos, observaremos que el origen de todo esto está en la falta de honestidad de las personas que se prestaron a este juego. Origen
de la crisis económica. La crisis financiera (la falta
de dinero), hizo imposible seguir dando créditos para producir, y esto
dio lugar a que las empresas no pudieran hacer frente a sus gastos y
tuvieran que dejar de producir
y despedir gente, llegándose así a
la crisis económica. En
España nuestra particular crisis económica
tiene otro componente: La burbuja inmobiliaria. En época de bonanza la
gente tenía trabajo, y en consecuencia disponía de dinero para comprar
viviendas y otros inmuebles. Los bancos, con sus créditos hipotecarios,
facilitaban el auge de este negocio de compraventa de pisos. Como los
inmuebles cada vez valían más, la gente se animó a comprar viviendas,
unos para su propia ocupación y otros para
especular con ellas. Las constructoras construyeron muchas más
viviendas de las que la gente necesitaba, hasta que llegó el momento en
que ya no había compradores para tanta vivienda. Al no venderse lo
construido, las constructoras tuvieron que dejar de producir y despedir
a sus trabajadores. Como el ramo de la construcción da trabajo a muchas empresas
subsidiarias, éstas también tuvieron que despedir a sus trabajadores,
y así se disparó el paro
en España. El paro a su
vez provoca la falta de dinero para comprar y esto dio lugar a que también
las industrias tuvieran que cerrar con el consiguiente despido de
sus empleados, y así hemos llegado a los casi cinco millones de
parados, y a que los bancos hoy
se vean cargados de pisos embargados
y sin poder venderlos por falta de compradores. Origen
de la crisis de valores sociales. Antes de
seguir adelante aclaremos la distinción entre valores sociales y
valores religiosos. Entendemos como valores sociales aquellos que la
sociedad ha
sancionado como buenos para la convivencia humana, independiente
del credo que se posea. Así la honestidad, la responsabilidad y la
justicia, por ejemplo, son valores que cualquier tipo de sociedad admite
como buenos. Entendemos como valores religiosos aquellos que un
determinado credo promociona como bueno,
como por ejemplo la creencia en la existencia de un Dios que
castiga el mal y premia el bien, o el amor que predica la doctrina
cristiana Hecha
esta aclaración diremos que esos valores de la honestidad, la
integridad, la justicia, la responsabilidad y tantos otros están hoy en
crisis en nuestra sociedad, y a nuestro juicio gran parte de ello se
debe a la ambición desmedida que
se aprecia por poseer dinero, poder, fama, comodidad y lujo a cualquier
precio. Todo vale si nos conduce a la consecución de esos objetivos.
Hay corrupción, y mucha, en los principales actores de la sociedad: La
política, poder legislativo,
poder ejecutivo, la justicia y las fuerzas sociales. No
es ajeno a esta corrupción
el afán de nuestros políticos de echar a Dios de nuestra
sociedad, afán que ha sido coreado por
muchos medios de comunicación.
Al expulsar a Dios hemos expulsado al guardián de los valores ético-sociales,
y aunque se ha pretendido conservar estos valores fundamentándolos en
leyes y decretos, y en la justicia humana, y apelando al sentimiento de
la solidaridad, ni unos ni
otros han sido capaces de sostener dichos
valores. La ausencia de ellos, unido a la incompetencia de
nuestros dirigentes ha dado lugar a las grandes corrupciones del
estamento político, social y económico, porque la ambición de poseer
dinero fama y poder ha sido más fuerte que el deseo de ser honestos y
justos. Origen de la crisis de fe. Entre las cuatro grandes crisis que hoy padecemos hemos incluido la crisis de fe o ausencia de creencias religiosas. Al quitar de nuestra vida a un Dios, el único capaz de impartir la verdadera justicia, solo nos quedan las leyes de los hombres, y todos sabemos lo fácil que es burlarlas cuando se tienen fama, poder y dinero, pudiendo así cometer cualquier tropelía sin temor al castigo. En esta crisis de fe tampoco hay que descartar la culpabilidad que haya podido tener la Iglesia –jerarquía y creyentes, porque Iglesia somos todos-. Probablemente no hemos sabido reaccionar a tiempo, y nos hayamos dormido en nuestra rutinas religiosas, quedando al margen de esta nueva sociedad que está emergiendo a la luz de los nuevos conocimientos y con unas nuevas costumbres sociales.
SOLUCIONES PARA NUESTRAS CRISIS
Tratamiento de la crisis financiera. Cada tipo de
crisis requiere un tratamiento distinto. La regla de oro para prevenir y
para solucionar la
crisis financiera es no gastar más de lo que se ingresa.
Si
el origen está en la falta de dinero, la solución tiene que pasar por
generar más dinero y reducir los gastos. El dinero que genera el Estado
lo obtiene subiendo impuestos
o vendiendo su patrimonio.
Más impuestos contribuye a aumentar el precio de lo que
producimos, y esto da lugar a que se vendan peor, frenando así la
producción y la creación de puestos de trabajo. Subir los impuestos a
los ricos suena muy bien y es muy demagógico, pero debemos saber que
los ricos son los que tienen el capital que se necesita para producir, y
estos huyen de aquellos países donde los tratan mal, con lo que se
corre el peligro de quedarnos sin capital y sin puestos de trabajo.
Dirigir bien la economía requiere tener los conocimientos adecuados
para ello, y no está al alcance de cualquier político,
aunque sea el Presidente, ni
de cualquier periodista no especializado en esta materia, y mucho
menos se puede dejar esto en manos de las turbas de la calle. La solución más viable hoy es la de reducir gastos suntuosos, y adaptar el estado del bienestar a las posibilidades del país. A todos nos gusta vivir con lujos, pero si no podemos hacerlo tendremos que conformarnos con vivir con arreglo a lo que podemos pagarnos, porque no se puede vivir constantemente del crédito, y menos cuando ya solo podemos conseguirlo pagándolo a precios insostenibles, que es lo que en estos momentos le ocurre a España. Pero esta solución por si sola no es suficiente si no va acompañada de la regeneración moral de la sociedad entera, empezando por la de los individuos encargados de administrar la crisis. Crisis económica. El tratamiento de esta crisis pasa por mejorar la competitividad de nuestros productos para poder venderlos mejor, tanto dentro como fuera del país. La acciones clásicas para resolver las crisis económicas eran invertir fondos públicos para dar trabajo a la gente y devaluar la moneda, con lo que se conseguía activar la economía estimulando la compra de productos y creando puestos de trabajos. Hoy nos encontramos conque nuestras deudas no nos permiten invertir fondos públicos y el Banco Europeo no permite devaluar el euro. Ante esto, la solución que apuntan algunos economistas de primera fila es lo que llaman la devaluación interna, que consiste en abaratar el coste de los productos para poder venderlos mejor, consiguiendo así la activación de la economía. La medida más a mano para esto es bajar los salarios, o dicho en palabras del que fue ministro de Economía en España, Sr. Solves: “lo que hay que hacer para salir de la crisis es trabajar más y cobrar menos”. Pero aquí topamos con los sindicatos y los derechos adquiridos por los trabajadores. Cualquier medida que tome el gobierno en este sentido, por muy necesaria que sea para salir de la crisis, va a provocar más “indignados” dispuestos a salir a la calle y armar jaleos. Y esto parece que es lo que nos puede esperar, al menos durante algún tiempo. O los partidos políticos y los sindicatos se unen para tirar del carro, y la población apoya al Gobierno, o tendremos crisis y jaleos callejeros para rato. Tratamiento de la crisis de valores sociales
¿Qué
tratamiento nos ofrecen los políticos para salir de esta crisis? Que yo
sepa ninguno. La solución para la crisis
de valores no va en el programa de ningún partido político. Y
debería ser la primera si queremos solucionar de raíz nuestras crisis
actuales. Las estructuras que más urge reformar en estos
momentos no son solo la financiera y la económica, aunque también urge
hacerlo, sino las del pensamiento humano para que éste nos guíe hacia
el bien común, y no pensando exclusivamente en nuestros intereses o en
los del partido. Ningún cambio de estructuras será efectivo si se
prescinde de la conciencia moral de las personas que han de llevar a
cabo esos cambios. Ni que se den leyes muy buenas, ni que se pongan
severos controles para hacerlas cumplir, como no haya en el hombre
voluntad de obrar con sensatez y justicia , siempre habrá quien burle
la ley y la justicia. Es urgente una educación en valores sociales
–esfuerzo, responsabilidad, integridad, honestidad, justicia-,
reforzados con educación en valores religiosos: creencia en la justicia
divina, respeto a lo sagrado y amor
entre los hombres. Tratamiento de la crisis de fe. El tratamiento de esta crisis pasa por un revulsivo en la vida de los cristianos que haga cambiar la imagen que la sociedad tiene hoy de la Iglesia y de los cristianos. Hoy la sociedad tiene una imagen muy deformada de lo que es la religión y la Iglesia, y es preciso que los cristianos con nuestro saber, nuestro estar al día y nuestro buen hacer afrontemos el reto de restablecerla. Se nos acusa a los creyentes de creer en un Dios que no existe porque no hay pruebas que lo demuestren, en una Biblia basada en leyendas míticas y personajes ficticios, y en un cristianismo que es copia de otras religiones como el mitraísmo. Los cristianos defendemos hoy nuestra creencias con unos argumentos y un léxico que a la luz de los conocimientos de otros tiempos fueron lógicos, creíbles y entendibles, pero que a la luz de los conocimientos actuales han dejado serlo. No hemos sabido evolucionar ni adaptarnos al signo de los tiempos, y así somos vistos como practicantes de unos ritos y unas creencias obsoletas y fuera de lugar en el mundo actual. Creo que el mayor enemigo que tiene hoy la Iglesia es la falta de formación cultural y religiosa de sus fieles. Sin esta formación su ejemplo y su palabra caerán en el vacío y no atraerá a otros para que los imiten. Desde mi óptica personal, la solución a todo esto puede estar en actualizar nuestros conocimientos, tantos los religiosos como los culturales y cívicos, dándonos a nosotros mismos argumentos lógicos y racionales que fortalezcan nuestra fe, y fortalecida así nuestra fe encontremos en ella las fuerzas para practicarla, y con el ejemplo y la palabra podamos ofrecer al mundo una fe creíble y practicable en el siglo XXI. Salamanca, 24 de Noviembre de 2011
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