ciencia y sabiduria
LA CIENCIA Y SABIDURIA
INTRODUCCIÓN
Ciencia y
sabiduría no es lo mismo, aunque haya muchos que piensen que es
igual
una cosa que otra. Hay científicos necios,
que viven amargados o que obran despóticamente amargando la vida a
quienes están a su alrededor. Estos podrán tener ciencia
(conocimiento) sobre determinadas materias, pero si viven amargados ¿de
qué le vale todo eso? Hay otros que carecen de esos saberes, pero viven
felices con lo que son y con lo que tienen, y es un encanto vivir junto
a ellos porque nos hacen la vida mas confortable. De estos decimos que
tienen sabiduría, porque saben vivir la vida, mientras que los primeros solo
tienen ciencia, pero no sabiduría. Llamar sabios a estos no deja der
una equivocación, porque ignoran
lo principal, que es vivir
felizmente. De la misma
manera es una equivocación
igualar el hombre con el resto
de los animales, como hoy se hace en algunos medios al desposeer al
hombre de lo que lo eleva por encima de todos los demás seres, o al
atribuirle a los animales unas potencias que no tienen.
El hombre
nace mucho menos preparado que las demás especies de la tierra
para poder sobrevivir. Necesita por parte de sus congéneres una
protección mucho más
intensa y extensa para que vaya adquiriendo poco a poco la fortaleza y
la formación necesaria para valerse por sí mismo.
Parece que estando tan mal dotado biológicamente para la
subsistencia debería haber desaparecido hace mucho tiempo, pero no solo
no ha sucedido así, sino que al contrario consigue dominar el medio en que vive,
someter a los animales y a
la naturaleza y hacerse dueño
y señor de su entorno. ¿Cómo explicar este hecho? ¿ Qué hay en el hombre que, a
pesar de sus graves deficiencias biológicas le permite ser el rey de la
creación? El hombre es el único ser de la tierra que tiene
inteligencia, y esto lo diferencia y lo coloca
por encima de todo lo demás. La inteligencia hace que no
solamente se adapte al medio en que vive, sino que tiene capacidad para
adaptar el medio a sus necesidades, y esto le permite dominar la
naturaleza y los animales domesticando a éstos y
creando pantanos, haciendo carreteras, horadando montes, y
construyendo viviendas . Lo propio de los animales es seguir sus instintos,
no crean nada nuevo. Lo propio en el hombre es un continuo esfuerzo de
aprendizaje para mejorarse a sí mismo y mejorar su propio bienestar.
El hombre es poseedor de unas
capacidades que le permiten dirigir su vida hacia el bien o hacia
el mal, a diferencia de los animales
que se rigen por sus instintos sin tener conciencia de si lo que
hacen es bueno o malo. Tienen consciencia del placer y del sufrimiento,
y eso los lleva a realizar todo aquello que asocian al placer y a
rechazar lo que asocian al
dolor. Su vida permanece
estancada, no mejora, no cambia nada si no es a muy largo plazo en
virtud de la evolución o de mutaciones en casos excepcionales. El hombre en cambio es el único animal que tiene
capacidad para mejorar sus condiciones de vida en un corto espacio de
tiempo gracias a la inteligencia . La inteligencia le permite
tomar decisiones que contribuyan a crearse una vida
más confortable en lo económico, en lo social
y en lo espiritual, o al contrario, sus decisiones pueden
llevarlo a empeorar su forma de vida en alguno o algunos de esos
aspectos. En el primer caso
decimos que obra sabiamente, y en el segundo decimos que obra
neciamente. No es tan fácil como parece obrar sabiamente de forma que nuestras acciones nos lleven siempre a realizar lo mejor para nosotros. Muchas veces ignoramos qué es lo mejor, y otras, aún sabiéndolo, obramos como niños o como animales eligiendo lo que nos gusta en vez de lo que nos conviene. Obrar racionalmente eligiendo hacer lo que conviene en vez de lo que gusta es lo propio del hombre que obra sabiamente, ¿Por qué no hacemos siempre esto? A veces es por pereza o falta de voluntad para realizar el bien, otras es por ignorancia, a veces ignorancia culpable y otras por falta de reflexión. Dicen que Dios es bueno para negociante (porque conoce lo que va a pasar en el futuro). Nosotros a veces hacemos malos negocios porque desconocemos el futuro; si lo conociéramos seguro que en muchas ocasiones obraríamos de otra forma. Esto puede pasarnos con nuestro principal negocio, el de la salvación del alma. ¿Tenemos alma con vida eterna? ¿Qué hay que hacer para salvarla? Para muchos todo son dudas en este terreno, quizá porque hayan dedicado poco tiempo a estas cosas de la vida eterna, o quizá porque nuestra limitada capacidad de comprensión no puede llagar a entender las cosas de Dios y no queremos aceptar las enseñanzas de Cristo, lo cierto es que todo parece indicar que o Cristo estaba equivocado o hay muchos, muchísimos que no obran como sabios, sino como necios que ni siquiera intentan detenerse a examinar si obran bien o mal de cara al negocio de su alma. ¿Estos tales obran con arreglo a la racionalidad o están en el error? Si están en el error ¿qué hacer para salir de él? No es fácil salir de nuestros errores, pero sí hay una forma de obviar la culpabilidad de vivir en el error, y es hacer lo necesario para salir de él. A quien busca salir del error nadie podrá acusarlo de vivir equivocado por culpa suya, porque no es culpable de vivir así si él hecho lo posible por encontrar la verdad, mientras que a quien no hace lo posible para salir del error se le puede acusar de ser culpable de su error. Querer vivir en la verdad es buscarla constantemente, utilizando para ello las fuentes adecuadas y realizando el esfuerzo necesario para ello. Hablando de la sabiduría del bien obrar dice Cohélet que “esta sabiduría fácilmente la contemplan los que la aman y la encuentran quienes la buscan porque ella sale al encuentro de quienes la buscan, y se aleja de quienes no la buscan”. ¡Buscarla
constantemente! Eh ahí el primer paso para empezar a obrar
sabiamente. Merece
la pena el esfuerzo por encontrarla. Cohélet (¿Salomón?) sigue
diciendo: “con ella me vinieron a la vez todos los bienes y con
todo esto me regocijé, porque la sabiduría los trae, aunque yo
ignoraba que ella era su madre”. Hemos hablado antes de las fuentes idóneas para
conocer la verdad sobre la eternidad. Estas fuentes no son las
provenientes de la ciencia de los hombres. El conocimiento de éstos,
aunque sean científicos, está limitado al conocimiento de lo creado, y
todo lo creado es caduco, no es eterno.
El conocimiento de lo eterno hay que buscarlo en otras fuentes.
Yo creo que la mejor de todas ellas es Cristo, que conoce esta vida y la otra,
pues ha vivido en las dos y contó a sus discípulos qué es lo
que tenían que hacer para vivir felices en las dos.
¿Tu
crees esto o eres de los que creen que un muerto no puede resucitar? ¿Eres de los que dicen que ver para creer? Pues a alguien
que pensaba como tu, a Tomás el apóstol,
Cristo, le “demostró” que había resucitado y le dijo
"Más bienaventurados son los que creen sin haber
visto". Difícil de creer esto, pero ha habido testigos, no
uno, ni dos, ni doce, que
han visto esto. También a Saulo - San Pablo- le pasaba lo
que a Tomás y a ti, y perseguía
a muerte a quienes anunciaban que era cierto, hasta que un día él
también lo vio, y esto es lo decía a los Corintios : Cristo murió
por nuestros pecados y resucitó al tercer día; se le apareció a Cefas
(Pedro), luego a los doce, después a más de quinientos hermanos,
muchos de cuales todavía viven; luego se apareció a Santiago; más
tarde a todos los apóstoles “y en último término se me apareció
también a mi”. Quizá si tu lo buscas de buena fe a lo mejor también se te aparece a ti, para convencerte
de ello, como a Tomás y a Pablo, porque él dijo: “Todo lo que pidáis
en mi nombre al Padre se os concederá”. O a lo mejor, como a otros
muchos, no haga falta que
se te presente para que
encuentres razones que te hagan creer, porque también ha habido muchos
que lo han negado durante
mucho tiempo y luego de repente, o poco a poco han encontrado razones para
creer en Dios y en Cristo. (Puedes
ver en esta web en opinión de los científicos
ateos sobre Dios el caso de Anthony Flew ) Dicen que mientras Salomón estaba adorando a Dios
en Gabaón antes de construir el Templo se le apareció Dios como en un
sueño y le preguntó qué quería.
Salomón pidió un corazón sabio y compasivo para que juzgara al pueblo
de Dios. Esto agradó al Señor y le concedió gran sabiduría, gran
entendimiento y amplitud de corazón
La sabiduría de Salomón sobrepasaba la de todos los orientales
y toda la sabiduría de los egipcios. Salomón
no pidio la sabiduría de los científicos sino la de los verdaderos
sabios, que es la sabiduría del bien obrar. Esta es la sabiduría que
quiero yo para mí, para los míos y para todo el género humano. Con el propósito de ayudar y ayudarme a encontrar esta sabiduría
he resumido algunos textos de los libros Sapienciales (Libro de Sabiduría,
Eclesiastés y Proverbios), del Nuevo
Testamento y de la Carta Ética de la Internacional Socialista, haciendo
al final de ésta un resumen de todo ello. Ese es el esquema de esta sección que
publicamos bajo el titulo de Ciencia y sabiduría. Volver a ciencia del bien obrar
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