carta etica socialista
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CARTA ÉTICA DE LA INTERNACIONAL SOCIALISTA. Para ver qué fuentes se
toman hoy para orientar nuestras vidas en el arte del bien obrar hemos
tomado la carta Ética de la Internacional Socialista. Copiamos primero
esta carta y luego haremos nuestro comentario particular.
COPIA
DE LA CARTA
ÉTICA DE LA INTERNACIONAL
SOCIALISTA. (Adoptada
por el XXII Congreso de la Internacional Socialista, São Paulo) Nosotros, los partidos
miembros de la Internacional Socialista, reafirmamos nuestra total
adhesión a los valores de igualdad, de libertad, justicia, solidaridad
y paz que son el fundamento del socialismo democrático. Nos
comprometemos solemnemente a respetar, defender y promover estos valores
dentro del espíritu de las declaraciones fundamentales y de las campañas
de la Internacional Socialista. Nuestra adhesión a estos
valores implica aplicar de la manera más estricta posible, el siguiente
código de conducta:
1. Desarrollar políticas
progresistas que favorezcan el bienestar de los individuos, la
expansión económica, el comercio equitativo,
la justicia social, la protección del medio ambiente, en el espíritu
del desarrollo sostenible. Oponerse a toda política
económica y social al servicio de grupos privilegiados y favorecer la
creación de un sistema económico global que convierta las relaciones
Norte-Sur en
más justas y equitativas. Combatir la corrupción en
todas sus formas y los obstáculos a la buena gobernanza.
2. Defender la democracia
pluralista. Esto implica: • la libertad de los
ciudadanos a elegir entre diferentes opciones políticas en el marco de
elecciones libres, frecuentes y transparentes; • la posibilidad de un
cambio de gobierno por medios pacíficos y basado en la libre expresión
de los ciudadanos; • el respeto a los derechos
de las minorías y de los individuos; • un sistema judicial
independiente e imparcial basado en el derecho; • una prensa libre y
pluralista; • el funcionamiento democrático
de los partidos.
3. Garantizar en toda
circunstancia, el respeto a la dignidad humana y actuar en
conformidad con la Declaración Universal de Derechos Humanos y con las
otras grandes Convenciones adoptadas por la Organización de Naciones
Unidas y sus Instituciones. Proscribir la pena de muerte. Respetar y reforzar los
derechos fundamentales de la persona, ya sean éstos los derechos
individuales (respeto a la vida privada, a la libertad de pensamiento,
al credo, a la educación, a la orientación sexual, derecho a un trato
igualitario, etc.), los derechos sociales (libertad sindical, derecho a
huelga, protección social, etc.) o los derechos políticos (libertad de
asociación, sufragio universal). Promover la igualdad de género
en todos las esferas de la vida privada y pública; incluyendo al
interior de nuestros partidos y en la toma de decisiones en todas las áreas
y a todos los niveles. Luchar contra toda forma de discriminación basada en el género,
la raza, el origen étnico, la orientación sexual, la lengua, la religión,
las convicciones filosóficas y políticas. Combatir toda corriente ultranacionalista, integrista, xenófoba o racista
y abstenerse de toda forma de alianza política o de cooperación, en el
nivel que sea, con todo partido político que incite o intente avivar
los prejuicios y los odios étnicos o raciales. Rechazar y oponerse
resueltamente a toda desviación hacia el autoritarismo y a todo sistema
político que tolere o practique la violación de los derechos humanos
para conquistar o asentar su poder (asesinatos políticos, tortura,
arrestos arbitrarios, censura de prensa, la prohibición o represión de
las manifestaciones pacíficas, etc.).
4. Apoyar una acción
internacional que favorezca la paz, la tolerancia, el diálogo, la
comprensión y la cooperación entre los pueblos. Abstenerse de emplear la
fuerza militar para conquistar el poder o para dirigir una política
exterior fuera del marco autorizado por las organizaciones
internacionales pertinentes. Esforzarse por eliminar las
armas de destrucción masiva y trabajar en favor del desarme. Reforzar el papel de Naciones
Unidas y de las instituciones regionales que trabajan en favor de una
solución pacífica de los conflictos. 5. Un comité de ética estará
encargado de velar por el respeto del presente código de conducta por
todos los partidos miembros y está habilitado para formular
recomendaciones como también proposiciones de sanciones, a las
instancias dirigentes de la Internacional Socialista.
(Fuente: Artículo
publicado en el País 3.4.4).
COMENTARIO
A ESTA CARTA Lo
primero que observamos es
que se trata de establecer una
ética fundamentada en los
sentimientos humanitarios y en la justicia de las leyes humanas, todo
ello al margen de los mandamiento divinos y de las creencias religiosas,
pues Dios no tiene cabida en el Socialismo progresista actual. ¿Es
posible crear un sistema ético
y socio-político al margen de las creencias religiosas? Maquiavelo,
nada sospechoso de ser de “la banda de los religiosos” decía hace ya mas de
quinientos años en El Principe: “El
indicio más seguro de la ruina de un Estado es ver despreciado el culto
divino, porque toda la religión tiene una base capital en que descansa
su sistema”. Esta
base sobre la que descansa todo sistema socio-político no es otra que la
del temor a ser castigados si se obra, mal, y la confianza de ser recompensados si
obramos bien. Esto es lo que entendemos por justicia verdadera, que es
la que todo ser honesto desea, y
el principio básico de todo buen ordenamiento social. Otro
filosofo a quien también gustan citar los ideólogos del ateismo es
Juan Jacobo Rousseau, y éste
en el siglo XVIII escribía: “Es cosa más fácil fundar una
ciudad en el aire que construir una ciudad
sin la creencia en Dios”.
Tal vez alguien piense que estas ideas de Maquiavelo y de Rousseau
eran buenas en los siglos pasados, pero que no valen para los
tiempos de hoy. Hoy no podemos olvidar que tenemos la experiencia de países que
habiendo vivido durante años al
margen de los principios religiosos
están volviendo a estos principios como remedio a sus
corrupciones. ¿Por qué? Porque como dice Maquiavelo los países sin un
sistema basado en la justicia divina –en la justicia verdadera- (llámese
cristianismo, mahometismo, judaísmo,
budismo, o lo que sea) están abocados a la ruina, y así parece
confirmarlo la realidad histórica. No estoy diciendo que sean inútiles las cartas sobre ética , o que sea malo apelar al humanismo, o al altruismo o a leyes humanitarias. Sea bienvenido todo lo que contribuya a fomentar el bien y evitar el mal. Pero mientras la justicia humana sea burlable, y la historia nos dice que siempre lo ha sido, no podemos fundamentar solo en eso el sistema social. Necesitamos apoyarnos en algo superior a todo eso. Se
podrá objetar a esto que esa justicia verdadera que predica toda religión
es una utopía. Pues utopía y todo está demostrado que ha dado
buenos resultados en la sociedad, pero
es que los creyentes tenemos la convicción de que no se trata de una utopía sino que es
una realidad que todo mal tendrá su castigo y todo bien su premio, y
creemos esto, aparte de porque parece lo más razonable y lo maá lógico,
porque así lo ha revelado nuestros Dios y así lo ha enseñado ese
Cristo Jesús que resucitó para probarnos que sus enseñanzas están en
la verdad. Del
existencialista Albert Camus, es también la siguiente frase: “Sin Dios, todo está permitido” Y es que si no se cree en nada, si nada tiene sentido y si no podemos
afirmar ningún valor superior, todo es posible y nada tiene
importancia. En la vida daría igual obrar bien que mal, y esto, -lo
hemos visto en los libros de la sabiduría,- sería convertir la vida del
hombre en un absurdo. Tocqueville, otro que tampoco tiene
nada de carca, dice a su
vez que “la falta de
religión es un accidente, ya que la fe es el estado permanente de la
humanidad” y Newton decía que un buen astrónomo o un anatómico (los
científicos de su época) no podían
ser ateos porque la ciencia lleva a una inteligencia superior, llámese Dios o como se quiera llamar, y en cambio –decía él- si podían
ser ateos los
personajes mediocres, porque la poca
ciencia aleja de Dios. A pesar de todas estas opiniones hay políticos, con Zapatero a la cabeza, obstinados en erradicar a Dios de la sociedad y crear un sistema político social sin creencias religiosas, argumentando que esto es síntoma de progresismo. De momento lo que observamos es que en España a medida que Dios ha ido desapareciendo de la sociedad está aumentando la corrupción en lo político, en lo social y en lo económico, donde prima el enriquecimiento rápido por cualquier vía, deteriorándose la democracia a pasos agigantados por los pactos políticos cuyo fin es mantenerse en el poder aún a costa de los intereses de la nación, poniendo en riesgo su gobernabilidad futura amenazada por los nacionalismos favorecidos y apuntalados por esos pactos a cambio de votos para aprobar leyes injustas que la mayoría de los españoles detestan. Volver a la ciencia del bien obrar
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